domingo, 14 de diciembre de 2008

MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

Ya lo he comentado, mi profesión es Contador Público, egresado del IPN-ESCA, en aquel entonces, me dedicaba al ejercicio profesional, hasta que me invitaron a trabajar en el sector público, en el sector desarrollo urbano y vivienda. Totalmente alejado de la docencia, si pensar que algún día llegaría a un aula como maestro.

En el año de 1996, me ofrecieron la oportunidad de ingresar a la docencia, sin experiencia pedagógica, sin haber pisado un aula, salvo cuando fui estudiante. Sin embargo uno tiene que enfrentar los retos y claro esta acepte. Me sudaron las manos, y todavía no me encontraba en el Plantel en donde presto mis servicios.

Antes de que sucediera, compre libros, me puse a leerlos, a pesar de no conocer el plan de estudios.

Sin embargo, quiero decir que es harto difícil, ya que el sector educativo es disparejo en la asignación de recursos, lo que obviamente repercute en las aulas. Todos padecemos de lo mismo o por lo menos de algunas deficiencias. En tanto que a nivel central se adquieren grandes cantidades de materiales y equipos, estos difícilmente llegan a los planteles, o llegan en cantidades que en ocasiones dan risa.

Por lo que habrá que buscar creatividad e imaginación para subsanar el reto, siempre pensé que estar en esta profesión mantendría a todos en constante preparación, superación y con un alto sentido de la responsabilidad. Me quedo con los que son así, de ellos he aprendido a desenvolverme en las aulas, a establecer las estrategias mas adecuadas de acuerdo con el grupo.

Me siento satisfecho y orgullo de realizar esta tarea tan delicada, ya que enfrentamos no solo la administración de la pobreza, sino también la administración de la ignorancia. Dicho con todo respeto a nuestros alumnos, ya que la gran mayoría, carece de los más mínimos elementos de información, conocimientos, habilidades y sobre todo de creatividad e imaginación.

Recuerdo a un gran profesor (NO recuerdo por ahora su nombre) que nos impartía la materia de Literatura Universal en la Secundaria 4 del DF. Siempre nos transporto a los lugares en donde se desarrollaron las leyendas, los pasajes de la historia, no hizo vivir momentos de entusiasmo y desde luego, hasta ahora recuerdo con gran cariño y respeto a ese gran profesor, capaz de despertar lo que hoy está dormido, la imaginación y creatividad.

Ahora siento mi trabajo docente, con ese mismo espíritu de mi maestro. Sin escatimar, tiempo, esfuerzo y capacidad. Dando lo mejor que tengo para beneficiar a los alumnos, despertar la inquietud, la imaginación y creatividad, para que le sirva como pequeño escudo al enfrentar los retos del futuro próximo.

Me ha gustado bastante, el enfrentar este reto, de los mas difícil, porque la población que atendemos es adolecente, carente de madurez. Por lo que somos parte de esa gran tarea; hacer hombres y mujeres de bien. Ese reto es enorme, la etapa del ser humano mas difícil, más inestable. En ocasiones jóvenes distantes, en otras casi al parejo. El discutir en clase temas, dejar que los alumnos debatan los puntos de vista, que lo hagas con la razón de las palabras, con el respeto de las acciones y con la firme idea de que esta actividad les será útil, para su vida.

Sin embargo considero que mi nueva profesión de aproximadamente 12 años de antigüedad, ha sido el reto más difícil de mi carrera y el que más satisfacciones me ha dejado, sobre todo cuando las generaciones y alguno de ellos, se acerca y dice “gracias maestro”, esto es lo más grandioso, haber colaborado en esta formación de un joven, un ser humano que buscara ser mejor.

Mas sin embargo, siempre aparece un” prietito en el arroz”: Debemos de ser mas responsables, mas comprometidos, menos abusivos con esta noble actividad. Más humanos, menos agresivos. He convivido con maestros, como ya lo dije de todos mis respetos, a quien consulto para mejorar mi trabajo. Pero en otros, les saco la vuelta. No aportan nada, no mejoran en nada, hablan por hablar, sin evidencias o conocimientos (que es lo peor), que engañan, que se roban los minutos de la clase, hablando de sus logros y triunfos, carentes de sentido, que ven a nuestros alumnos como enemigos, porque hacen preguntas, porque cuestionan un ejercicio, -como no- sin son ADOLECENTES. Sin paciencia y asomo de respeto, cobradores de cheques, hablo de hombres y mujeres refugiados de la derrota profesional, esa es, al menos creo, la más repugnante de las actuaciones de un ser humano.

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